Emociones versus paternalismo

Hace una semana en una conversación con un trabajador que me consultó sobre la posibilidad de cambiarse de empresa e irse a una empresa del sector. La conversación se inicio en dudas legales enfocadas a si había un problema de cambio de empresa por ser del mismo sector y sobre como debería negociar su sueldo. Parecía clara la reunión eran dudas habituales cuando cambias de trabajo, además se añadió el dato que podría tener un pluriempleo, es decir trabajar por horas en otra empresa además de su nuevo empleo a jornada completa. La verdad no pintaba mal para el trabajador dado que con los tiempos que corren es un lujo poder tener buenos trabajos. A lo largo de la conversación me aclaró que se había formado y reciclado correctamente, entendí que había hecho los deberes y estando en un sector donde trabajaba, la crisis no había afectado tanto como en otros se había posicionado para poder optar bien a nuevas oportunidades. El escenario era el adecuado y parecía la conversación llegar a su fin. Pero la sorpresa vino cuando el trabajador me habló que su actual jefe- el dueño de la empresa- estaba usando el típico modelo de “comer la oreja” poniendo en valor aspectos emocionales como un buen padre de familia, pero a su vez cargando culpas y errores sobre alguien que no debía asumir ese cometido en relación a su posición en su empresa. Emocionalmente esa empresa quería ganarse a sus empleados con una mala táctica pero el error ya estaba cometido porque casualmente las responsabilidades que iban sobre el empleado debían ser responsabilidad de un familiar directo y ahí entendí en que tipo de empresa estaba. La oportunidad la tenía perfecta el trabajador para irse a otro proyecto donde se sintiese mejor valorada. Era cuestión de tiempo que se fuera. Quizás el error fue no darse cuenta antes.

Confundir paternalismo con mala gestión y jugar con las emociones de la gente no suele ser éxito asegurado. A veces la necesidad hace aguantar a la gente pero si el profesional está bien preparado la sartén cambia de mano y decide donde se sienta valorado económicamente y emocionalmente. El trabajo en general, las relaciones laborales son emociones y sensaciones, el proyecto es vital y en este caso el excel no lo aguanta todo.

Las empresas familiares podrán sobrevivir cuando lo sean como historia viva para transmitir valores y emociones pero dejando la gerencia en manos de profesionales desvinculados de la familia fundadora. 

El siglo XXI hace tiempo que llegó para todos. Las emociones deben estar por encima de las personas pero no encima de ellas para utilizarlas.

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