Si no lo veo no lo creo

Lamentablemente una de las personas que debe dar un mayor ejemplo de cordura, rectitud y honradez deja un hilo en suspenso y una presunción que aunque de inocente, muchos ya la ponen en duda. Se trata de Carlos Divar, presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), creo que todos o en general la mayoría ya sabrán de quien estoy hablando y de la noticia que ha ocupado unos cuantos titulares, si no los sabéis aquí tenéis unas pinceladas tomadas de algunos diarios: elmundo , elpais , lavanguardia , donde se pueden poner al día con algunos artículos.

Lo importante en toda la noticia para mi no es si es o no inocente(eso que lo diga la justicia), si dimite o no dimite(decisión que hoy sábado puede se tome en un pleno extraordinario del CGPJ), sino el hecho o mejor dicho los hechos que dejan en entredicho a una de las personas con uno de los cargos más importantes en nuestra democracia. ¿Por qué se ha llegado a esta situación? Falta de comunicación y de información por el Jefe o Responsable de Prensa de ambas instituciones(CGPJ Y Tribunal Supremo), los silencios que han alimentado aun más las sospechas y el manejar de forma algo impropia una situación tan difícil para la imagen de un estamento con tanta importancia para que nuestra democracia funcione.

Lo peor no es la persona que lo representa sino la imagen que deja sobre las instituciones que representa. Hasta ahora con todos los problemas que tiene España se había quedado al margen pero al final ha saltado la noticia y el escándalo la ha salpicado – no digo que los hechos sean o no ciertos – simplemente que se ha puesto en boca de muchas tertulias la persona de un organismo que es referente en la justicia de un país y que marca para bien o para mal el devenir de nuestra sociedad.

¿Que pensaremos los ciudadanos cuando nombren esas instituciones, que nos vendrá a la mente? Seguro que algo más que doctrina y jurisprudencia, saldrá por encima de todo el nombre de su presidente y eso ni es bueno para este país ni para la institución que representa.

El daño puede ser medio reparable o bien puede acabar de hundir nuestra democracia pero lo que no se puede permitir es que la gente siga dudando de él. O bien se abre una investigación o bien se dimite, la verdad siempre prevalece, pero el silencio condena a su dueño.

Lo peor de todo esto es que el otro día escuché un comentario diciendo que todo el ruido de sus gastos y dispendios resulta que es solo para tapar algo mayor y que no se puede decir por aquí para no ser demandado.

Hoy sábado o quizás en breve se aclare o se nuble más este problema, crucemos los dedos. Este país no puede soportar más esta situación.