La reforma no laboral

Una reforma laboral debería servir para mejorar el actual mercado de trabajo, ¿cierto? Esa es la teoría. Durante varios gobiernos existía un temor a afrontar el problema y reforma tras reforma se legislaba con un mal parche, pero cuando quedan días para finalizar este intenso 2012 y me da por mirar atrás recuerdo que el gobierno pretendía negociar con los agentes sociales y al final como casi siempre se optó por un hermoso real decreto.

Las reformas siempre las he visto como un resultado de la negociación no de la imposición. Pretender hablar de reformas por real decreto es como querer hablar de libertad de opinión hace 50 años.

No le llaméis reforma cuando quiere decir chapuza.

No le llaméis reforma cuando acaba en el Tribunal Constitucional.

No le llaméis reforma cuando las empresas solo usan el despido como vía de solución.

No le llaméis reforma cuando los Tribunales están empezando a declarar algunos EREs como nulos.

No le llaméis reforma cuando los interlocutores sociales no se ponen el mono de faena y siguen con sus privilegios y su mirar para otro lado, solo llaman a defender derechos a la desesperada.

No le llaméis reforma cuando estas medidas no van acompañadas de otras como una reforma en materia de seguridad social(costes laborales), una reforma real de los impuestos de este país(IVA, IRPF, etc) y una ley de emprendedores que no llega ni por equivocación.

No le llaméis reforma cuando el desempleo sigue creciendo y ni los gobernantes se creen lo de que en el 2013 irá un poco mejor.

Mientras tanto durante la vigencia de la reforma siguen los despidos, los concursos de acreedores, el cobro de parte de las indemnizaciones en el Fondo de Garantía Salarial(que en breve desaparecerá), los despidos amañados para el cobro de prestaciones, el trabajar por 40 horas y cotizar a la seguridad social por 20, el intentar defraudar para subsistir, la crispación, las huelgas y una conflictividad en aumento diario.

La solución no solo pasa por firmar convenios colectivos donde las revisiones salariales son mínimas para contener el coste a las empresas, sino por alcanzar acuerdos donde las relaciones laborales entre empresas y trabajadores se adapten a una realidad que es muy diferente del actual modelo establecido y donde los ideales de la transición poco o nada se valoran cuando la tendencia es ir a unificar normativas laborales europeas.

¿Quien va a confiar en unas organizaciones empresariales y sindicales que son parte del problema en un sistema donde el Estado ha sustentado a las mismas? Si de ellas no parte autoreformarse y autoregenerarse no son modelos a seguir y su representatividad queda en entredicho, pues legalmente la tendrán para firmar acuerdos pero no para tener el respaldo de muchos ciudadanos que se ven afectados por su falta de valor para esforzarse en conseguir acuerdos de verdad.

La auténtica reforma surgirá de las personas y no de las organizaciones. Las personas deben generar nuevas organizaciones con una visión diferente de la actual para que las reformas puedan de verdad realizarse.

Esperemos que vuelvan las buenas costumbres: dialogar, trabajar, entenderse….

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